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Te navegamos, Valdivia

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Valdivia es una ciudad, capital de la Región de los Ríos. Increíblemente diversa y bella a la vez. Nuestra aventura por Valdivia comenzó en un día de San Valentín, y podemos decir que nos recorrimos y navegamos casi todo. La primera actividad, el primer día fue el Mercado Fluvial de Valdivia , donde tomamos un botecillo para recorrer el Río Calle Calle. Un guía nos contó sobre la importancia del Mercado, los amigables (y fotografiables) lobos de mar, el Puente Cau Cau (que para aquel entonces mostraba sus brazos levantados, producto de un error de ingeniería al construirlo), y más de algún recuerdo, del que fue el terremoto más grande de la historia, de 9,5 grados Richter, en esta misma ciudad                                                 El segundo día nos fuimos a la aventura. Fuimos como día de verano, para Corral, una ciudad distante a 15...

Santa Cruz, tierra de vino y encanto

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“De pronto verás un valle de luz, si llegas de noche a mi Santa Cruz”. Así menciona el estribillo del “himno” de la ciudad que me vio crecer. Por esos azares de la vida, llegué en 1998, con 4 años a Santa Cruz, un pueblo al interior del Valle de Colchagua, en la Región del Libertador Bernardo O’Higgins (Chile), lleno de vida, de cultura huasa, de fértiles tierras que dan lugar a prestigiosos y sabrosos vinos, y una calidez inigualable. Me enamoré de esa tierra sana, que guarda tantos misterios y tantos tesoros culturales. Me enamoré de esas comidas típicas chilenas como la cazuela, la carne mechada y el pan recién horneado, servido en el Restaurant Club Social . Me enamoré también de carnosos vinos tintos, de cepas cuidadas de antaño, donde conocí a través de mi trabajo como guía de turismo enológico en la Viña Santa Cruz , los procesos a los cuales se somete la uva para llegar a tan preciado resultado. Me enamoré del empuje por los comerciantes y locatarios crear una ciudad mejo...

Me recuerdas a mar y sol, Antofagasta

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El naranjo me recuerda los días viviendo en Antofagasta. Quién sabe si en un par de años seré parte de esa ciudad por mucho tiempo. Con tanto frío acá en Viña pienso en los días de calor seco del norte, tan café, tan plano y a la vez tan culturalmente diverso. Escribo esto por un impulso de sol, por un abrigo de mar, porque quiero volver a esos días (venideros). Quiero volver a tostar mi piel con un cálido rayo de miel que da ese norte místico. Quién diría que me “gustaría” el norte, si siempre dije que “ni cagando iría”. Quiero volver, e invitar a que más vuelvan. Esa costa cálida, esa gente tan distinta, esas playas de arenas blancas recónditas, esos colores que sólo el norte posee, ese desierto tan envolvente y que invita a soñar. Sólo puedo decir, ¡ quiero Antofagasta!