Me recuerdas a mar y sol, Antofagasta
El naranjo
me recuerda los días viviendo en Antofagasta. Quién sabe si en un par de años
seré parte de esa ciudad por mucho tiempo.
Con tanto
frío acá en Viña pienso en los días de calor seco del norte, tan café, tan
plano y a la vez tan culturalmente diverso.
Escribo
esto por un impulso de sol, por un abrigo de mar, porque quiero volver a esos
días (venideros). Quiero volver a tostar mi piel con un cálido rayo de miel que
da ese norte místico.
Quién diría
que me “gustaría” el norte, si siempre dije que “ni cagando iría”.
Quiero
volver, e invitar a que más vuelvan. Esa costa cálida, esa gente tan distinta,
esas playas de arenas blancas recónditas, esos colores que sólo el norte posee,
ese desierto tan envolvente y que invita a soñar.
Sólo puedo
decir, ¡quiero Antofagasta!

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