Puerto Varas y mi inicio viajero


En un arranque de locura, de salir de mi zona de confort, me dispuse a hacer lo que jamás en la vida me vi haciendo: viajar sola.

Era mucho lo que pasaba por mi cabeza en mi aquel verano de 2015, y yo sólo necesitaba un switch que me permitiera encontrar con mi esencia.

Un día de diciembre, tomé un mapa de Chile, lo puse en mi regazo y me propuse ir donde el dedo involuntariamente cayera. Puerto Varas fue el destino. Investigué, reservé un cálido y bello hostal (Hostal Estrella de Belén) en las cercanías del centro de Puerto Varas, me contacté con una agencia de viajes (Turistour) para que pudieran orientarme en cómo podría sacarle provecho a mi viaje, en un circuito full day, compré un pasaje en bus y el resto, fue sólo aventura: tomaba mi abrigo y salía por las noches a dejarme deleitar por la noche. Encontré en la ruta sándwiches de sabrosa carne, jugos naturales, refrescantes mojitos, y mucha tranquilidad; esa que busqué durante tanto tiempo.

En mi último día, prometí regresar. Me prometí que no sería la última vez que recorrería sus calles y probaría su gastronomía.

Han pasado casi tres años, y esos lugares me llevaron de vuelta.

Y ahora, pienso que la vida no es esperar para que las oportunidades se pongan frente a tus ojos, sino que tú busques esas instancias y las conviertas en realidad. Viajando sola entendí que no hay mejor escuela ni terapia que conocer lugares y gente nueva. Viajando sola entendí que el mundo es tan amplio y diverso, que está al alcance de tu mano.




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